lunes 3/8/20
OPINIÓN

El odio se construye sin licencia

Uno no aspira a persuadir, pero no debería ser tan difícil dialogar. El insulto viene a ser el atajo de los mediocres. El arma de aquellos que, despojados de argumentos propios, optan por la vía, mucho más cómoda, de la descalificación ¿Para qué pensar con lo sencillo que es tildarte de perroflauta en el caso más benévolo? Viene el caso por haber leído, con tristeza, el testimonio en redes sociales de una de las promotoras de Graeca, asociación ecologista cuya labor nunca será reconocida como merece.

Uno ha sido testigo de su trabajo. De cómo, desde primeras horas de la mañana de un fin de semana, se afanaban con voluntarios en limpiar la costa de Cuevas del Almanzora los residuos que, en muchos casos, tirarán sin miramientos muchos de quienes hoy lanzan su veneno contra sus legítimas opiniones.

Que la autorización, por muy previa que sea, de un establecimiento hotelero frente a Genoveses iba a levantar polémica era sabido. O debería por mucho que ahora se hagan los despistados los promotores y se asombren de la polvareda. Como queda constatado, este país se pinta con brocha gorda. El pincel del detalle apenas se usa. Si dices que lo que se plantea no es un nuevo Algarrobico de inmediato te ubican entre los defensores de la rehabilitación del cortijo. Pues no. No es un Algarrobico ni parecido.

Otra cosa es que sea deseable. Y si no lo es, que así lo cree uno, no es tanto por la envergadura de la obra como por el precedente que sienta en una zona que hay que proteger sí o sí. La intransigencia viene a ser una ideología en sí misma. Es decir, no conoce colores. Si tratas de introducir un matiz no menor (Algarrobico: 21 plantas, más de 400 habitaciones, a 50 metros de la playa) frente a la reforma del cortijo ya existente (conversión en 30 habitaciones y mucho más alejado de la playa) no ha lugar.

O conmigo o contra mi ¿Tan difícil es entender que la valoración que haga alguien que va solo en vacaciones a Genoveses no será la misma que tenga un parado de Níjar que ve en este proyecto una salida, aunque sea puntual? No parece. Siendo así, ¿es necesario insultar para hacerse entender? ¿No se pueden valorar alternativas distintas? ¿No parece más sensato hablar entre las partes que tirarse piedras a la cabeza? Está visto que para construir odio no hace falta licencia. Una pena.

El odio se construye sin licencia