martes 20/10/20

Un circuito de Fórmula Uno en mi calle

"Nuestra salud se afecta por casi todas las políticas que se ponen y también por las que no se ponen en marcha en todos los niveles de decisión, desde el municipal al europeo"

Seguro que alguna vez ha oído eso de que influye más en su salud el código postal que el código genético, o que la esperanza de vida aumenta un año con cada estación de metro con la que nos acercamos al centro de la ciudad desde un barrio deprimido. No se trata de que Correos intercepte nuestros análisis del colesterol por vivir lejos, sino lo que supone vivir en un barrio de casas más grandes, con más ascensores, con más y mejores servicios públicos, con mejor transporte y acceso, o con parques más cercanos y mejores alternativas de ocio. Vivir en una calle con vecinos de rentas más altas o con niveles más altos de estudios o mejores trabajos.

Todos sabemos lo que eso significa en la práctica en nuestras ciudades y pueblos, y sabemos perfectamente qué calles son unas y qué calles son las otras. Y también que una vida con más recursos, mejores trabajos e ingresos y menos dificultades cotidianas puede no solo parecer más sana sino ser más larga. Es algo que no cuesta mucho de entender. Nuestra salud se afecta por casi todas las políticas que se ponen y también por las que no se ponen en marcha en todos los niveles de decisión, desde el municipal al europeo.

Por eso, aunque parezca que la salud es solo cosa de médicos o de hospitales, hay que poner en primera línea las políticas municipales que ayudan a tener vidas más sanas o no, las que pueden transformar en parte nuestro código postal, es decir, nuestro barrio, y hablar en ellas de generar salud. Más saludable es una movilidad menos estresante, más limpia y que nos permita ser menos sedentarios y conciliar mejor los horarios familiares y laborales.

Más saludables es vivir con menos ruido, menos suciedad y más amabilidad. Más saludable es tener ocio verde cerca y horarios y tiempo para disfrutarlo. También lo es cuando sabemos que personas en situación de exclusión, mendicidad, vulnerabilidad y que son la amargura invisible en calles y plazas tienen recursos de apoyo para su día a día.

Más saludable es nuestra ciudad cuando sabemos que las mujeres con las que convivimos no son prostituidas o vendidas, por tanto tampoco publicitadas en carteles o anuncios iluminados. Menos desigualdad es invertir más donde más problemas hay y no sólo donde es más lucido. Los municipios tienen la clave de la amabilidad cotidiana, de crear entornos con colores, olores y sonidos que hagan nuestra vida más amable, nuestras calles menos peligrosas y más cívicas.

Los municipios pueden darnos años de vida si apuestan por esos cambios y por hacer políticas que mejoren nuestra vida. Vamos, justo lo contrario de hacer un circuito de Fórmula Uno en mi calle.

Un circuito de Fórmula Uno en mi calle
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