martes 20/10/20

Debates públicos sí o sí

"La madurez de los sistemas democráticos no se debe medir por la enumeración de insultos que se sea capaz de proferir al adversario sino por las propuestas sólidas, calculadas y creíbles con las que se pretender mejorar el estado, la autonomía, el municipio, la pedanía o, lo que es lo mismo, la sociedad en general"

Una cifra tan redonda como el 40 aniversario de los ayuntamientos democráticos propicia una reflexión que, al calor de los vertiginosos avances tecnológicos, debería haber sido este mismo año electoral una realidad. Debatir cara a cara las distintas propuestas con las que los partidos concurren a las urnas debería ser ya una obligación política y un derecho ciudadano. Negarse a la confrontación dialéctica, dentro de las normas propias de una democracia civilizada, delata, por un lado, poca estima hacia la ciudadanía y, por otro, la falta de credibilidad de las propuestas. Ya no basta, o no debería bastar, con imprimir en un pasquín o en un GIF para el Facebook que vas a hacer un helipuerto (propuesta verídica, por otra parte, aunque vale cualquiera otra) sino saber cuánto va a costar, de dónde lo vas a pagar y qué se dejará de hacer para llevar a cabo ese u otro proyecto.

La madurez de los sistemas democráticos no se debe medir por la enumeración de insultos que se sea capaz de proferir al adversario sino por las propuestas sólidas, calculadas y creíbles con las que se pretender mejorar el estado, la autonomía, el municipio, la pedanía o, lo que es lo mismo, la sociedad en general. Lo demás es palabrería cuando no frivolidad en unos tiempos en el que nadie escapa a la fiscalización absoluta de lo que dijo y no hizo. Ya se encarga Google de ello. Cuando con un simple móvil de puede emitir en directo, las excusas para oponerse a debates ante los vecinos y vecinas no se sostiene por ningún lado.

El mensaje unidireccional del mitin tiene el recorrido que ha tenido y tiene y que no es otro que motivar al afín e intentar hacerse un hueco en los titulares de los medios de comunicación. Nada que objetar, entre otras cosas porque no resulta incompatible con el contraste de ideas entre las distintas opciones. Sí todas ellas, como no puede ser de otra manera, se presentan como las más convenientes y fiables ¿qué problema hay en pasar la prueba del algodón de un debate público? ¿No sería más ocasión que calvario? Peticiones para estas elecciones ya ha habido y aunque no cuajen en esta cita, el camino está tan señalado que quien se niegue a avanzar por él se perderá en callejones sin salida.

Debates públicos sí o sí