martes 20/10/20

El porno y Peppa Pig

"El aumento del 20% el consumo de porno entre las chicas parece más fruto del interés de la industria en acceder a la mitad de los potenciales consumidores que un cambio de perspectiva. El modelo sigue siendo el mismo, ellas están para dar placer, y ahí se acaba todo"

Niños de ocho años se encuentran con imágenes porno en los móviles, teléfonos y tablets que hay en casa y a uno de cada cuatro le ha pasado antes de cumplir los trece. Lo cuentan Carmen Montón y Carmen Orte en la presentación del estudio realizado por la universidad de Baleares tras más de 2.500 entrevistas a jóvenes.  El consumo habitual se inicia a los 14 en chicos y a los 16 en chicas. Y la gran mayoría está de acuerdo en que la educación afectiva sexual que tienen no les vale para manejar el asunto. En plata, que ni padres ni educadores mejoramos a internet o a los amigos para resolver dudas sobre sexo.

Nos cuentan el problema y nos señalan la solución.Y como yo soy un moderno todo esto lo he leído en el teléfono. Y vivo sin vivir en mi cada vez que mis hijos pequeños me piden o distraen el teléfono para ver a Bob Esponja. Sufro pensando en que en medio de cualquier episodio de Peppa Pig puede aparecer en la pantalla una acrobacia sexual o una invitación a unirse a una red de contactos calientes.  Seguro que muchos de nosotros buscamos ayuda en VOX, en aquellos diccionarios rojos en los que buscábamos las palabras que oíamos; puta, cojón… Pero como entonces, la solución no nos la dará VOX, sino aumentar y adelantar la educación afectiva sexual en la familia y en los centros educativos.

El aumento del 20% el consumo de porno entre las chicas parece más fruto del interés de la industria en acceder a la mitad de los potenciales consumidores que un cambio de perspectiva. El modelo sigue siendo el mismo, ellas están para dar placer, y ahí se acaba todo. Ningún antivirus  nos protege de los algoritmos que detectan nuestros gustos para colocarlos en nuestras pantallas. La misma tecnología que nos invade se muestra incapaz de protegernos, y deberá ser, una vez más la ley, la que regule la invasión de nuestra intimidad que supone colocar una coito violento dentro de nuestro ojo, o del de nuestra hija.

De hecho, lamento decirle, que la lectura de este inocente artículo, generará tal efecto llamada en los algoritmos que le rastrean que será mejor que comparta en casa su preocupación por todo este lío de la pornografía en la red, por lo que pueda saltarle al ojo o a cualquiera de su casa.

El porno y Peppa Pig