sábado 24/10/20

Los zapatos del ruiseñor

Me pregunto qué es lo que yo haría si estuviera en la situación de Ángel y María José. Cómo se llega hasta ahí, amor y dolor, deterioro y mimo, sufrimiento compartido, ausencia de ayuda.  El abogado Atticus Finch invitaba a caminar un trecho con zapatos del otro para poderlo entender en la imprescindible película Matar a un ruiseñor

Pero quizá en este asunto haya que caminar no solo con unos zapatos ajenos y no únicamente en el tramo final.  El trecho te deja la sensación de que en cada pie hay alternativas y en cada paso se reproduce la duda.

¿Y si alguien a quien amas, a quien nunca harías ningún daño, a quien cuidas desde hace décadas, que no para de sufrir,  te lo pide, te lo pide reiteradamente, razonada y libremente?, ¿y si no pudieras seguir sufriendo y sintiendo que haces sufrir?. La que no es respuesta es la callada, ni el ojalá no me toque, ni podemos hacer de este debate un juicio entre sufrientes, entre los que toman una decisión o los que no la toman, como si fueran unos mejores que otros.

Por eso la regulación de la eutanasia y de los cuidados paliativos es tremendamente necesaria. Las leyes permitirán despejar las dudas, y con menos incertidumbre y con más seguridad podremos respondernos las preguntas con mas libertad y menos miedo.  Y cumplirá su objetivo si nos permite vivir con la confianza de que la muerte no se tiene que convertir en un infierno.

Leyes que se complementen y garanticen los derechos, deberes y garantías de personas enfermas, familias y profesionales ante el final de la vida y ante el deseo de ponerle fin. Bastan unos metros en sus zapatos para entender al ruiseñor.

Los zapatos del ruiseñor