sábado 24/10/20

Gestores metidos a pitonisos

"Dentro de seis meses, que no seis minutos, igual se puede sacar una conclusión más fiable de los Presupuestos. Hasta entonces convendría, con carácter general para los gobernantes de todo color político, un poco de mesura verbal"

Acaso sea por la edad, pero anda la sensibilidad de uno a flor de piel. No ayuda a contener estos pálpitos la tourné de presentación de los presupuestos autonómicos por provincias. No se ha secado la tinta de los tomos, que algún tomo habrá en papel  pese a los pen y las nubes de la modernidad, y ya, gracias a ellos, el paraíso va ser un lugar inhabitable al lado de lo que le espera a Almería. El énfasis mayúsculo, como es lógico, lo ha puesto la delegada territorial del nuevo Gobierno andaluz, Maribel Sánchez.

Sin dejar reposar las cuentas y, sobre todo, dando por hecho, que ya es dar, que todo se va a cumplir ya ha aventurado que “Almería ha dejado de ser la gran olvidada de la Junta”. Toda una “prioridad”, como se ha remarcado, que, sin duda, se demuestra en que, por inversión provincia a provincia, solo Córdoba (118 millones) y Huelva (96,6) están por detrás. Es decir, la sexta de ocho. En números 125,3 millones. Lo dicho, una prioridad irrenunciable ¿Es poco? ¿Es mucho? Pues, aunque haya que desplazarse de punta a punta de España, como diría el tópico del gallego, ‘depende’.

Dentro de seis meses, que no seis minutos, igual se puede sacar una conclusión más fiable de los Presupuestos. Hasta entonces convendría, con carácter general para los gobernantes de todo color político, un poco de mesura verbal. Ponerle algo de sordina a las fanfarrias, modular los adjetivos, no generar tan altas expectativas, que luego se pueden volver en contra con idéntica intensidad, y, en síntesis, ejercer de gestores antes que de pitonisos.

Si los presupuestos son buenos para Almería ya se verá cuando la grandilocuencia de la palabra dé paso a ese terco espejo que se llama realidad. Hasta que suene el despertador, sería de agradecer que no abusen de la presunta candidez de la ciudadanía que, por lo general anda sobrada de conchas y carente de fe más allá de las iglesias.

Gestores metidos a pitonisos