sábado 24/10/20

Agradecido, don Chicho

chicho
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Muchos dirán que Chicho hacía tele, pero yo sé que lo que hacía eran milagros. Lo sé, porque los viernes de buen tiempo me sentaba en el patio a ver el 1,2,3… a través de la ventana de la única vecina que tenía entonces tele. Y lo sé porque hasta mi padre, que nunca tuvo carnet de conducir, soñaba con que le tocara el coche.

Y lo sé porque, sin haber visto más litros de agua juntos que los que entraban en una piscina hinchable, también nos robaba el sueño tener algún día un apartamento en Torrevieja y, de paso, saber dónde estaba. Chicho nos hacía reír y a aquellos mayores, que no eran otra cosa que supervivientes sin programa en Tele 5, además, les hacía olvidar fatigas y sinsabores.

Si se les miraba de reojo, entre los parpadeos de la pantalla, incluso parecían felices.  Con contrato precario, apenas de un par de horas, pero felices. Esa puñetera vida que les acogotaba les daba una tregua cuando don Cicuta tocaba la campana o Kiko comprobaba en uno de sus muchos relojes lo deprisa que pasa el tiempo.

Parece que fue ayer, pero ya han pasado por encima varias Españas. Una en blanco y negro a la que la maestría de Chicho le tintaba de color el mal ceño una vez a la semana. No parece mucho, pero doy fe que ese respiro sabía a pura gloria bendita.

Agradecido, don Chicho