domingo 18.08.2019

El hombre que renunciaba a los cargos que nadie le nombraba

"Puede haber personas humanas que quieran un gobierno de izquierda posibilista sin que dentro de él haya elementos fuera de control ¿Alguien se cree que Echenique, el de los tuits en flor a cada cual más disparatado, va a armonizar posturas con quienes son objeto de su metralla día sí y día también?"

En una versión sui generis de El hombre que susurraba a los caballos, Pablo Iglesias se ha convertido en El hombre que renunciaba a los cargos que nadie le nombraba. Corría 2016 cuando, con una grandilocuencia solo apta para estadistas in pectore, mostraba su disposición a renunciar a ser vicepresidente si Sánchez rompía con Ciudadanos. Nadie le había designado para tan altos empeños, pero eso son detalles sin importancia. Tanto como para que ahora, con más engolamiento si cabe, se vuelva a sacrificar y vuelva a descartar ser ministro como si alguien se lo hubiera propuesto. Para que luego digan que en España no se va a nadie. Iglesias se va incluso antes de haber entrado.

Ahora, cierto es, el reto de los socialistas es buscar argumentos para que tampoco pase el siguiente. Sabido es que quien venga será el enviado especial del mega líder en el Consejo de Ministros porque, en el fondo, lo que subyace es una desconfianza estructural en una fuerza política a la baja que ve en la moqueta del Palacio de la Moncloa el salvavidas en medio del océano. Quizás si las cosas, desde un principio, se hubieran dicho sin esas abreviaturas ininteligibles propias de los mensajes de ‘guasap’ de los chavales, pues a estas horas todo estaría más claro. Ni mejor ni peor, pero más claro.

La osadía de Iglesias es casi tan grande como su ego. Esto de interpretar lo que dicen las urnas con esa solvencia asusta. Puede haber personas humanas que quieran un gobierno de izquierda posibilista sin que dentro de él haya elementos fuera de control ¿Alguien se cree que Echenique, el de los tuits en flor a cada cual más disparatado, va a armonizar posturas con quienes son objeto de su metralla día sí y día también?

¿Tan descabellado es dejar gobernar, o al menos no ser obstáculo para intentarlo, y fiscalizar en el Congreso cada medida? ¿Es imprescindible tener ministros dentro para mejorar la vida de los de fuera que es de lo que se trata?

Un servidor, desde luego, no. Y no soy sospechoso de ser incrédulo que hasta una vez me hice la dieta de Naturhouse y estoy como estoy. Por tanto, igual de lo que se trataría es de juzgar las políticas de progreso a través de los votos en el Parlamento y no de mandar con tanta urgencia la copia del DNI a Moncloa para que te hagan la ficha ministerial.

¿Tan descabellado es dejar gobernar, o al menos no ser obstáculo para intentarlo, y fiscalizar en el Congreso cada medida? ¿Es imprescindible tener ministros dentro para mejorar la vida de los de fuera que es de lo que se trata? La mejor manera de ser ministro es que las urnas te respalden por encima de los demás y ese no ha sido, ni de lejos, el caso de Iglesias.

Es sorprendente la facilidad que tiene, o cree tener, para analizar la voluntad electoral del país y la poca que tiene para calibrar qué le han dicho sus votantes con el varapalo en las urnas. Claro que no hay peor entendedor que el que no quiere entender. Por cierto, ¿qué pensarán las bases de Podemos al ver cómo un día después de votar contra cualquier veto su líder asume el principal de ellos?

El hombre que renunciaba a los cargos que nadie le nombraba