sábado 24/10/20

Morir con dignidad como derecho

No ha tardado mucho el nuevo consejero de Sanidad andaluz, Jesús Aguirre, en retratarse. No por esperado resulta menos irritante, con todo lo que hay que mejorar en su departamento, que una de sus primeras líneas rojas sea cerrar a cal y canto la opción de la eutanasia. Dice el señor Aguirre que sería un “fracaso de los cuidados paliativos” y dice uno, y no se siente solo en ello, que lo que es un fracaso es tratar de imponer por la vía política una decisión personal de tal calado. Morir con dignidad, si así lo quiere la persona, es un derecho que nada ni nadie debería invadir ni mucho menos vulnerar.

Ver cómo el ser humano ha de convertirse en delincuente para cerrar, en función de su voluntad, su ciclo existencial debería avergonzar a quienes lo defienden. Verse obligado a convertir en cómplices de este ‘delito’ a la gente más allegada y que más te quiere solo viene a echar gasolina a este incendio de indignación. Ni siquiera que la eutanasia no entre en el ámbito legislativo autonómico minimiza el núcleo del conflicto. No es otro que el que avivan aquellos que, muy defensores de la libertad cuando del mercado se trata, la coartan cuando lo que está en juego es gestionar tu vida, y el fin de ella, tal y como se desee.

Ese derecho no debería ser negociable en la medida que su aplicación debería ser absolutamente libérrima. Vivir con dignidad exige un final a la altura ¿No es lo más humano evitar todo sufrimiento que en nuestra mano esté evitar? ¿Quién es usted, señor Aguirre y tantos otros aguirres, para decretar, si pudiera, sobre la administración de la existencia de los demás?  ¿Acaso se hace lo mismo con la suya? Decía el ya fallecido doctor Luís Montes, una de las personas que más peleó en este país por una muerte digna, que "nadie debe ser obligado a vivir cuando es una carga imposible de soportar" y, por mucho que se intente, desde una óptica ética y humanista, se antoja imposible rebatirlo.

Morir con dignidad como derecho