domingo 18.08.2019

Que usted lo duerma bien

Dicen que el diablo está en los detalles, pero, por el momento, que espere. Por encima de la enumeración y el tamaño de las causas, está hoy el grosor de la consecuencia. Y esa es, por segunda vez, que el empecinamiento personal de Pablo Iglesias, por mucho que consulte a las bases si mora en buhardilla o chalet, impide que un gobierno que aspira a aplicar políticas de progreso lo haga desde ya. Demasiada contumacia para que caiga en el olvido que, por mucho que haya negado con la cabeza en el Congreso, hay hechos incontestables.

Lo es que el partido que hiperlidera es la cuarta fuerza tras un bajón de vértigo en las últimas elecciones. Lo es que, pese a ello, un cálculo a vuelapluma reflejaría que, de aceptar la oferta de coalición, su número de altos cargos en la Administración sería mucho mayor que el de diputados. Lo es que sus propios socios y hasta su propia organización dudan de si no se habrá perdido una ocasión que, de remediarse en septiembre, estaría ya siempre viciada por la desconfianza. Este planteamiento de rigor aritmético sobre el que ha fundamentado sus exigencias roza, cuando no supera, el disparate.

Somos tantos diputados y diputadas, en tanto por ciento equis y, según la calculadora, nos corresponden tres, cuatro o cinco sillones y un taburete ¿Es así como se abordan los proyectos políticos? ¿Pueden más las matemáticas que las ideas compartidas? ¿No sería lo principal remangarse para trabajar propuestas que den soluciones y no para darse de leches? Cada cual tendrá su libre y legítima opinión en el reparto de responsabilidades del estrepitoso fracaso, pero, por encima de esa subjetividad respetable, está la tozuda realidad.

Hay coartadas incapaces de esconder la magnitud de este desastre que fulmina muchas ilusiones en la izquierda y jalea muchas carcajadas en la derecha

Y esa dice que del Parlamento este jueves 25 de julio no ha salido un gobierno porque Iglesias no ha querido una vez más. Hay simplificaciones que abruman, pero ilustran. Hay coartadas incapaces de esconder la magnitud de este desastre que fulmina muchas ilusiones en la izquierda y jalea muchas carcajadas en la derecha.

Es curioso que ese afán numérico al que se ha aferrado no haya sido tan riguroso a la hora de sopesar quién ganó las elecciones por la voluntad popular y, en consecuencia, a quién se le encomendó el timón de este barco hoy a la deriva. Se trataba de remar juntos, no de dar con el remo en la cabeza a nadie para subirse al cuadro de mandos de la embarcación.

Ni siquiera eso que trató de vender como sacrificio, una renuncia a una cartera de ministro, que ya es rebajar las utopías de asaltos a los cielos, fue tal. Tan solo fue una retirada de la primera línea para fijar una estrategia desde la retaguardia que se ha saldado con nefastas consecuencias. Que usted lo duerma bien.   

Que usted lo duerma bien