miércoles 25/11/20

No la toques ya más que así es Ayuso

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Después de la gesta que supuso la inauguración del dispensador de gel en una estación de Metro, el consejero madrileño Ángel Garrido ha roto a pensar. Ni ha sido rápido, hará cosa de un mes que puso a medias con Aguado esa pica hidroalcóholica en Flandes, ni, para qué engañarnos, sagaz hasta el pasmo, pero visto quien lidera su gobierno, o asciende o, por lo menos, acaba en Masterchef Celebrity picando ajos como Villalobos.

‘De resultas’ que dice Garrido que no descarta que haya madrileños de todo sexo y condición que, a estas alturas, estén más mareados que una peonza en un after en la era pre-Covid.  “Hay ciudadanos que no saben qué hacer”, ha confesado don Ángel. No, por Dios ¿Cómo se le ocurre? De ser así, que ya le digo que se trata de habladurías, a buen seguro sería por su corto entendimiento y no porque la presidenta Ayuso no sea cristalina en sus directrices.

"Faltaría a la verdad si no admito que, en estos días, cuando llamo a casa a la familia en Madrid, temo que se ponga un desconocido que ha acabado allí desorientado por las pautas de confinamiento"

A pesar de ello, faltaría a la verdad si no admito que, en estos días, cuando llamo a casa a la familia en Madrid, temo que se ponga un desconocido que ha acabado allí desorientado por las pautas de confinamiento. La penúltima de Ayuso, que tiempo ha que tuvo de tener puñetera gracia, es pactar un acuerdo en una reunión y salir a negarlo, sacar la chuleta que le ha preparado MAR, intelectual vallisoletano donde los haya, y ponerse hecha un basilisco ora porque sí ora porque no.

En este caso, hasta engañó a un compañero de partido, pero ella es así de alocada y pizpireta. No es pues de extrañar que cuando se le pregunta si el nuevo hospital va a tener médicos, si acaso, o personal de enfermería, aunque sean extras de Hospital Central, se ofenda por la impertinencia. Nadie en su sano juicio puede pensar que ella pierda el tiempo en esas sandeces cuando, por ejemplo, se han asumido cuestiones de estado tales como ponerle voz al célebre Pecas.

Y yo qué sé si va a haber personal en el hospital. Tienen ustedes unas cosas. Le basta con que el día la inauguración le lleven el atrezo para la foto como en su día hiciera su referente Esperanza Aguirre. Allí posó la lideresa con una incubadora (por suerte vacía) que alguno de sus palmeros sustrajo de otro centro hospitalario. Aunque parezca de coña, es verídico y contrastable. Así se las gastaba la doña y esa, al parecer, es la herencia que ha dejado a la tal IDA.

Claro que la culpa ya hace tiempo que no la tiene ella, que da de sí menos que un chaleco de pizarra, sino quien la permite engordar a diario su currículum de dislates que, y eso es de lejos lo peor, pagan los madrileños. Me refiero a ese vicepresidente Aguado, el otro 50% de la hazaña del gel, que, aunque duela, debería ya quitarse las tiras de velcro de los pantalones para no perder el sillón porque, a este paso, esa pérdida es una ridiculez al lado de lo mucho e importante que está en juego.      

No la toques ya más que así es Ayuso